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Buscando la ventaja global

Buscando la ventaja global

Resumen Ejecutivo

 Estrategias de gestión de la cadena de suministros en un mundo  globalizado

La globalización es un fenómeno mucho más complejo que el simple movimiento del empleo y las actividades empresariales desde las naciones desarrolladas a los países con menores costes laborales. Esta interpretación simplista esconde toda una red de relaciones transfronterizas en las que las empresas tratan de encontrar el equilibrio entre una numerosa serie de variables, como son los costes laborales y de inventario, el transporte, la calidad, la concentración del conocimiento alrededor de clusters y la proximidad a los consumidores. Comprender la estrategia de una empresa en un momento concreto es complicado, puesto que estas variables están en continuo cambio.

Para las empresas, el mapa global es gigantesco, un tablero de ajedrez cambiante donde los estrategas corporativos deben decidir no solo dónde situar la producción, sino si realmente es más operativo fabricar el producto o subcontratar todo o parte de la cadena de valor. Estas decisiones, aunque laboriosas, no son en absoluto aleatorias, ya que los gestores tienen que enfrentarse con restricciones reales y oportunidades.

Buscando la ventaja global

Hay cinco factores dinámicos que afectan a la propagación de la globalización: los avances tecnológicos y organizativos de los transportes y las comunicaciones; el aumento de la velocidad de los diseños de productos y rotación de inventarios; la presión para disminuir continuamente el coste de los productos; la concentración del conocimiento en ciertos lugares o sectores industriales y, por último, las decisiones acerca de dónde situar los distintos procesos productivos en relación con los clientes a los que se dirigen.

El transporte y las comunicaciones. El descenso de los costes y el aumento de la velocidad y capacidad de las redes de transporte y comunicaciones son los ingredientes básicos que han permitido la expansión de las cadenas de valor globales. Los sistemas de transporte multimodal, basados en la estandarización de los contenedores de carga para su traslado por tierra o por mar, junto con los sofisticados sistemas de carga aérea, han reducido los tiempos de transporte y han aumentado su fiabilidad. Hoy es posible trasladar ropa en contenedores y ya colgada en perchas desde el puerto de Hong Kong, de manera que, una vez que llegan al puerto de destino, se trasladan directamente a los puntos de venta sin necesidad de pasar por plataformas logísticas intermedias, con el consiguiente ahorro de tiempo y costes.

Pero, además, estas mejoras han venido acompañadas por un descenso espectacular de los costes de transmitir la información que, unido a los enormes aumentos en el ancho de banda de las transmisiones, han permitido el intercambio de información en tiempo real entre todos los participantes en la cadena de valor. Así, por ejemplo, los diseñadores de chips en Silicon Valley pueden seguir en tiempo real la fabricación de sus pedidos en las fábricas situadas en Taiwán.

En la última década, los proveedores de transporte se han transformado en empresas de logística capaces de transportar físicamente no solo mercancías, sino bits de información. Las redes de comunicación permiten hacer un seguimiento desde que el producto se comienza a fabricar hasta que se pone a disposición del consumidor, permitiendo de esta forma la unión física de los distintos intervinientes en el proceso, que pueden estar situados en cualquier parte del mundo.

El impacto de todos estos avances es formidable. Así, en 1980 el gasto en actividades logísticas en Estados Unidos suponía el 17 % del Producto Interior Bruto, del cual el 9 % eran gastos de mantenimiento de inventarios. En 1990, estas cifras habían bajado al 10% y al 4 %, respectivamente. En la actualidad, los costes de transporte suponen únicamente el 1 % del precio final de los productos de consumo.

Los especialistas en actividades logísticas, como UPS o Federal Express, ya no se dedican únicamente al transporte internacional de mercancías, sino que toman parte en alguno de los procesos de ensamblaje: packaging, gestión de inventarios y distribución. Lo que comenzó como el Just-in-Time, que requería la proximidad entre fabricantes y proveedores, está evolucionando hacia un sistema que transciende las fronteras nacionales: las empresas acceden a los factores de producción dispersos geográficamente, reduciendo incluso los costes de inventario y los riesgos de depreciación de la mercancía al conseguir situar cada vez más rápidamente sus productos allí donde se halla el consumidor. Sólo hay que echar un vistazo a la evolución de las cifras de contenedores de carga movidos internacionalmente para darse cuenta del fenómeno: de 6 millones en 1972 a 164 millones en 1997. Y todo ello teniendo además en cuenta que en ese mismo periodo los costes de transporte entre Asia y Estados Unidos bajaron un 67 % (una vez ajustada la inflación).

En el mundo actual de los negocios, los tiempos de entrega son a veces mucho más importantes que los precios. Los fallos en la entrega a tiempo de componentes o productos finales pueden llegar a suponer la pérdida del negocio. Estamos viviendo el desarrollo de un sistema capaz de sincronizar cada vez más la producción con la demanda disminuyendo los stocks al mínimo. Y lo que es más importante, cada nuevo avance abre las puertas a la experimentación y a continuas mejoras.

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