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Capitalismo compasivo

Capitalismo compasivo

Resumen Ejecutivo

Antaño, la figura del filántropo era la de un dirigente que prodigaba sus atenciones en el seno de la comunidad en  la que radicaba su empresa familiar, es decir, era un benefactor que mediante sus obras benéficas compartía sus ganancias con sus semejantes. Con la globalización no sólo ha variado el tamaño y el alcance de las empresas, sino también la filosofía empresarial. Devolver a la comunidad una parte de los beneficios obtenidos es algo que la mayoría de las empresas, centradas en las propias ganancias, obvian por completo, cuando en realidad no solo es moralmente justo y necesario, sino también económicamente beneficioso.

Resulta evidente que una empresa no puede prosperar en el seno de una comunidad empobrecida, tanto como que una flor se marchitaría en un jardín seco. Es obvio también el positivo efecto en cadena que desencadena la filantropía y del que la mayoría de las empresas sigue sin sacar partido. Se equivocan al considerar que la filantropía es un acto altruista, que está anticuada y que resulta inviable en el actual entorno empresarial en el que las compañías deben rendir cuentas ante sus accionistas, quienes no permiten que se malgaste ni un solo céntimo invertido. Hoy en día, más que nunca, la filantropía es conveniente por motivos estrictamente egoístas: la propia supervivencia empresarial y la pura obtención de beneficios.

Devolver a la comunidad una parte de lo que ésta entrega a una empresa redunda en el beneficio de esta última, que logra florecer en el seno de una comunidad que se fortalece con su apoyo. Además, de esta manera se logra atraer a empleados a quienes no sólo les preocupa mejorar su situación personal, sino también la de la comunidad. Con empleados más motivados y de firmes principios morales, se inicia una dinámica positiva en el lugar de trabajo y las empresas logran mejores resultados. Se trata de un “círculo virtuoso” que todas las empresas pueden y deberían poner en marcha.

Establecer una cultura de filantropía

El primer criterio para llevar a cabo una buena misión filantrópica es convertirla en parte de la cultura empresarial. Al igual que cualquier otro aspecto de esta, el liderazgo debe ejercerse de arriba hacia abajo. En otras palabras, lo mismo que si se tratase de fabricar un gran producto o sacar el máximo partido a las inversiones del accionariado, corresponde a la directiva otorgar a la filantropía un papel protagonista en la misión empresarial. La inclinación filantrópica del Consejero Delegado debe propagarse por toda la empresa y, en especial, alcanzar a los cuadros medios: estos deben comprender que conceder tiempo a sus empleados para que realicen trabajo voluntario en la comunidad no es una pérdida de eficacia, sino que redunda en la productividad general y en el beneficio de la empresa. Asimismo, los empleados deben convencerse de que la inclinación filantrópica de los altos directivos es verdadera y de que no penalizarán a quienes no se dediquen única y exclusivamente a pensar en la empresa y sus productos.

El espíritu de servicio debe implantarse en la empresa desde sus inicios, cuando esta es aún pequeña, y no esperar hasta que crezca para hacerlo. Por otra parte, las donaciones deberían ser no sólo monetarias, sino también en forma de tiempo y conocimientos de los expertos que trabajan en la empresa. Más aún, si el propio líder participa en las actividades de servicio, motivará a sus  empleados con su ejemplo, lo cual resulta tan importante o más que su compromiso de respaldar económicamente un proyecto o de poner a disposición de la comunidad determinados recursos empresariales. Hasbro Inc., fabricante de juguetes tan famosos como Mr. Potato, Monopoly y Scrabble, concede a sus empleados cuatro horas pagadas de trabajo al mes para que las empleen en realizar trabajo voluntario en la comunidad. Para Hasbro, Inc., la filantropía no es un juego.

Cuando trabajaba en Oracle Corporation, Benioff descubrió por las malas que esperar demasiado tiempo para desarrollar una cultura empresarial no sirve de nada. La experiencia de Oracle le enseñó que, para que la filantropía se convierta en parte de la cultura empresarial, no basta con firmar un cheque, por muy generoso que sea. Para los empleados resulta más conmovedor ver que los directivos “se remangan” para trabajar en un proyecto, participan en los comités de una  Organización No Gubernamental (en adelante, ONG) o dirigen una campaña de recogida de fondos.  

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