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Lo que realmente molesta a los jefes

Lo que realmente molesta a los jefes

Resumen Ejecutivo

Lo que realmente molesta a los jefes

Compendio de normas básicas de comportamiento en un entorno laboral

Anita Bruzzese

Introducción

Cuando a usted le entrevistan para cubrir un puesto de trabajo, le examinan acerca de sus habilidades y su experiencia hasta que, finalmente, si logra pasar todos los filtros, resulta elegido como el mejor entre todos los aspirantes. Antes de que tan siquiera se siente a su mesa de trabajo, la empresa ha invertido ya una considerable suma de dinero: anuncios en prensa especializada, contratación de headhunters y horas destinadas a entrevistar a candidatos. Una vez que se incorpora a su nuevo puesto, lo normal es que reciba usted varios cursos de formación. Además, según los expertos, como “novato” que es, no estará ni siquiera al 50 % de su potencial rendimiento hasta que pasen por lo menos doce semanas.

Como ve, cuando su jefe le contrató, sabía que tenía que invertir mucho dinero en usted (no solo por su nómina). Y si él quiere que usted triunfe no es solo por los compromisos financieros que ha adquirido, sino porque el éxito de ambos es recíproco.

De ahí que los jefes se sientan frustrados cuando los empleados empiezan a hacer cosas estúpidas. Tales como presentarse el primer día con el pelo teñido de verde cuando en las entrevistas lucía una discreta cabellera castaña o utilizar el teléfono personal en mitad de las reuniones. Este tipo de comportamientos son los que sacan de sus casillas a quienes tienen una plantilla a su cargo, incluso antes de que el recién llegado se haya tomado el primer café con los compañeros.

Tenga en cuenta que los jefes también tienen un superior jerárquico. Esto significa que están sometidos a una presión constante y que lo que menos desean es que su trabajo se vea interrumpido para tener que lidiar con algún trastorno provocado por uno de sus subordinados.

Si este resumen ha llegado a sus manos, podrá sacarle partido de dos formas. En primer lugar, al leer las cosas que sacan de quicio a los jefes podrá darse cuenta de cuál es su actitud en el trabajo y actuar en consecuencia. Por otra parte, si resulta que el jefe es usted y tiene un empleado a su cargo que le hace perder el sueño, quizá sea una buena idea deslizar disimuladamente este resumen entre los papeles de su escritorio y esperar a ver si la estratagema surte efecto. Mucho de lo que leerá a continuación le parecerá de sentido común (o meras normas de urbanidad), pero recuerde que no todo el mundo atesora toneladas del “menos común de los sentidos”. Y si no lo cree, levante por un momento la vista de su escritorio...

Lo que saca de quicio a su jefe (y cómo evitarlo)

Tirar la silla por la ventana. El Departamento de Trabajo de los Estados Unidos estima en casi dos millones de personas las víctimas anuales en los espacios laborales. Puede que usted crea que sus estallidos de cólera o su descontento no son algo de lo que preocuparse. Después de todo, simplemente está frustrado y deja escapar un poquito de humo por las orejas. Pero es seguro que a   su jefe no le importa si es usted miembro de Amnistía Internacional. Él solo verá unas emociones descontroladas y creerá que ha llegado el momento de mantener con usted una conversación privada o de incoarle un expediente (o ambos).

Las aprensiones de su jefe se deben, por una parte, a la preocupación por la seguridad de los demás trabajadores (y la suya propia) y a que, normalmente, los directivos de recursos humanos establecen normas muy estrictas en este ámbito. En cualquier caso, este es un asunto que todos los jefes odian.

Por lo tanto, si la frustración lo tiene atrapado o se ve en la necesidad de arrojar su silla por la ventana, es preciso que ataje la situación para impedir unas consecuencias poco deseables. Lo más importante de todo es reconocer que existe un problema para, a continuación, buscar un profesional que le ayude a controlar un estrés que puede llevarle a mostrar un comportamiento agresivo.

Hacer de cada viaje una fiesta. Los jefes son conscientes del esfuerzo que llevan aparejados los viajes de negocios, y todo el mundo está de acuerdo en que un empleado debería disponer de algo de tiempo para descansar si la planificación lo permite. En la mente de un jefe, esto significa algo como una buena cena, ir al cine o quizá dar una vuelta por la zona comercial de la ciudad que se visita. Lo que es seguro es que no piensa en organizar fiestas en la habitación de un compañero ni en emborracharse delante de los clientes, los colegas o la mitad de la población de la ciudad.

“Creo que muchos de los comportamientos que se dan en los viajes de trabajo nunca se producirían en la oficina”, comenta Charlotte Shelton, profesora de management. “La gente tiene que tener presente que son embajadores de sus empresas y que deben comportarse en consecuencia”. Lo mejor, por tanto, es evitar las situaciones que pueden dar lugar a situaciones inapropiadas, no descuidar la vestimenta, evitar los flirteos y velar tanto por la propia seguridad, como por la integridad de los documentos de trabajo.

Discutir sobre creencias personales en el trabajo. Las opiniones personales, que parecen inofensivas cuando se comentan en familia o con los amigos, pueden causar un incendio en la oficina. Con la ley en la mano, los jefes no van a poner objeciones a la religión de los empleados, a si comen o no comen carne o a quién votarán en las próximas elecciones. Lo que realmente molesta a un jefe es que, al involucrar a los compañeros en ciertas discusiones, el resultado puede irse de las manos.

Cuando se habla de las creencias personales en el trabajo, los ánimos se calientan y la gente se  distrae de su tarea. Entonces suele aparecer el jefe para tratar de controlar la gresca. Hay que añadir, además, que no sería la primera vez que alguien se siente acosado por sus ideas religiosas o de cualquier otro tipo. Los consejos en este ámbito son claros: hay que ser realista (no todo el mundo piensa igual), discreto (mejor dejar en casa la camiseta de su equipo favorito) y si, a pesar de todo, le apetece discutir sobre temas conflictivos, hágalo después del trabajo en un lugar apropiado para ello.

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