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Los negocios son como el fútbol

Los negocios son como el fútbol

Resumen Ejecutivo

Los negocios son como el fútbol

Qué tienen en común el fútbol, el desarrollo profesional y la gestión de empresas

Theo Theobald y Cary Cooper

Introducción

El fútbol es un deporte que despierta pasiones entre millones de personas en todo el mundo. Este libro presenta una original e innovadora forma de acercarse a los negocios mediante una analogía con el fútbol profesional. Lo que pudiera parecer un deporte sencillo, e incluso hasta infantil, es en realidad una compleja actividad humana en la que la competición se muestra en su estado más puro. En el fútbol no hay términos medios: o se gana o se pierde. La tabla de clasificación de un campeonato es el juez más severo que existe y solo los que muestran unas cualidades excepcionales pueden hacerse con el triunfo.

Los primeros 45 minutos

Existen ciertas cualidades individuales que han hecho y siguen haciendo únicos a ciertos jugadores de fútbol y, por analogía, a algunos hombres y mujeres de negocios. De entre todas esas cualidades, mencionaremos en esta primera parte las destrezas individuales, la ambición, la pasión, el manejo del estrés y la disciplina.

Destrezas

“Puedes enseñarle a un pavo a trepar a un árbol, pero es mejor que contrates a un mono”

Tan solo hay que echar un vistazo a los desorbitados traspasos y salarios de los jugadores más importantes de la escena mundial del fútbol para darse cuenta de lo valiosas que son las destrezas de un jugador en un equipo de fútbol. Lo primero que aporta un futbolista a un club es su talento para conseguir títulos deportivos y, conforme se acorta la distancia entre ganadores y perdedores en cualquier competición nacional o internacional, un solo jugador en la cancha puede sin duda dar el vuelco definitivo a un torneo o un partido.

Lo segundo que esperan los equipos de fútbol de un jugador es que su talento arrastre a las masas a los estadios semana tras semana, incrementando de forma inmediata las ganancias del club. Para nadie es un secreto que la incorporación de un futbolista de prestigio puede hacer aumentar de forma vertiginosa el precio de las entradas a los estadios e incrementar los ingresos por merchandising.

Traslademos esta analogía a la arena de los negocios y empezaremos a comprender cómo un simple individuo puede desarrollar con éxito su trabajo e influenciar a todos los que tiene a su alrededor.

Las leyes económicas dictan que el valor de las cosas depende de lo que alguien esté dispuesto a pagar por ellas. Una misma botella de agua mineral tiene precios muy distintos en un supermercado y en un hotel de lujo de una gran ciudad. La diferencia no estriba en el “valor intrínseco” del producto, sino en el “valor percibido” del mismo, es decir, aquellos factores ambientales que rodean al consumo, en este caso, de una botella de agua.

¿Qué relación existe entre lo que un club de fútbol está dispuesto a pagar por un jugador de elite y el valor que tiene un directivo para una empresa? El “valor” que aporta un jugador se mide por el rendimiento actual y futuro. Con este mismo esquema se mueven los gestores de recursos humanos. Cada uno de ellos analiza las carencias de la organización y trata de encontrar a aquellas personas  que pueden aportar las destrezas de las que la empresa está necesitada. Igual que un equipo de fútbol que encaja demasiados goles buscará en el mercado al mejor defensa posible, una empresa que esté perdiendo cuota de mercado, por ejemplo, intentará contratar a un experto en marketing con el suficiente talento como para salvar la situación hoy y mantenerse a flote en el futuro.

A la hora de reclutar nuevos empleados, los departamentos de recursos humanos han utilizado listas de destrezas o habilidades como la herramienta que les ayuda a separar el trigo de la paja. Es un sistema útil y ha sido ampliamente empleado por los departamentos de selección a lo largo de la historia. Sin embargo, cada vez se reconoce más el hecho de que lo que una persona puede hacer hoy es menos importante de lo que pueda progresar en el futuro. Por lo tanto, los reclutadores van buscando actitudes positivas en las personas y reducen la ponderación de las habilidades. No hay  que caer en el error de contratar personas competentes con una actitud negligente o tibia, porque no darán el máximo de sí mismos para desarrollar todo el potencial de una organización. Ya no es suficiente con un goleador que salve a un equipo de una debacle pasajera. Se necesita gente con talento sumado a una actitud de proyección hacia el futuro.

Ambición

“Nadie te servirá títulos deportivos en una bandeja de plata”

-Ferry McDermott, ex jugador del Liverpool Hay muchas palabras y frases para definir la ambición: “intención de ganar”, “deseo de triunfos”, “hambre goleadora”...

Al igual que en el caso de la pasión, estamos hablando de una emoción, pero la ambición se diferencia de la pasión en que nuestro control sobre la misma es mucho mayor. A lo largo de la vida nuestros anhelos se modifican y la ambición que se despierta en nuestro interior puede cambiar con el paso del tiempo. Sin embargo, la ambición en sí misma es también capaz de convertirse en algo peligroso, sobre todo si no está contrastada con la realidad. Al final, si no podemos lograr nuestros objetivos por medios legales (o justos), más pronto que tarde caeremos en  el engaño.

Es un debate muy extendido el tratar de averiguar si la ambición es un condicionante personal o si, por el contrario, el ambiente social y cultural o el propio país en que vivimos ejercen una influencia en el nivel que esta emoción alcanza en algunos individuos. El conocido hombre de negocios norteamericano Donald Trump mantiene una actitud muy ambiciosa frente a la vida y la gestión de empresas. Su lema podría resumirse en “nunca abandones, piensa a lo grande, sé un poco loco y navega contracorriente”. Quizá se deba a que en su país la cultura del éxito está muy enraizada en la mentalidad de sus gentes. Alguien podría llamarlo individualismo, pero sin entrar a hacer juicios de valor, parece claro que el ambiente en que nos movemos crea unas actitudes determinadas ante la vida. Esto lo entienden muy bien los clubes de fútbol, que son auténticos especialistas en crear una especie de micro-clima que define lo que podría denominarse la “cultura del equipo” y establece los niveles de ambición para jugadores, entrenador y aficionados.

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