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No hay sustituto para la Victoria

No hay sustituto para la Victoria

Resumen Ejecutivo

No hay sustituto para la Victoria

50 lecciones sobre liderazgo de Douglas MacArthur, uno de los generales más importantes del siglo XX

Theodore Kinni

y Donna Kinni

Introducción

No hay sustituto para la Victoria: Lecciones de estrategia y liderazgo del general Douglas MacArthur es un libro que contiene 50 lecciones sobre el liderazgo extraídas de la vida y de la carrera profesional de quien fuera una de las personalidades más influyentes del siglo XX. Son enseñanzas que los autores describen e ilustran con las palabras del propio MacArthur y clasifican en cuatro categorías: principios de estrategia, liderazgo inspiracional, administración organizativa y gestión de la vida personal y profesional.

A juicio de los autores de este libro, los principios y enfoques que se extraen de los logros del general McArthur como líder en diversos puestos y disciplinas son aplicables a variadas organizaciones. Además, su dilatada carrera de más de medio siglo, la diversidad de las circunstancias que le tocó vivir y la magnitud de los cambios que se produjeron en el mundo durante su vida, les llevan a concluir que las lecciones que se derivan de sus experiencias pueden resultar muy útiles a los líderes de hoy.

Como si de una antigua película hollywoodiense de guerra se tratara, Theodore y Donna Kinni comienzan su libro en uno de los momentos álgidos de la carrera de McArthur: el de la invasión anfibia de la portuaria ciudad coreana de Inchon el 25 de septiembre de 1950 a las dos y media de la madrugada, en lo que se conoció como Operación Chromite y supuso una batalla decisiva en la Guerra de Corea. Y, mediante un flashback, poco a poco van poniendo en perspectiva la figura del general McArthur, que de esta manera, para el lector, pasa de ser una figura que se recorta en la oscuridad de la noche a convertirse en un hombre excepcional que supo brillar con luz propia, y cuyo talante merece la pena no solo analizar e investigar, sino también tomar como ejemplo.

La Operación Chromite es un buen punto de referencia para presentar algunas de las muchas lecciones que la figura de MacArthur ofrece a quienes se dedican a investigar sobre el liderazgo.

Entre algunas de ellas están la de encontrarse en el frente de batalla, la de planear la estrategia con antelación, el salto de la observación a la planificación estratégica o el paso repentino de la defensa al ataque. Todas esas marcas personales que se deducen de la invasión de Inchon están firmemente ancladas en uno de los famosos principios que regían la concepción del mando de MacArthur, la convicción de que “en la guerra, no existe substituto para la victoria”.

Reseña biográfica de un gran líder

Tanto sus detractores como sus admiradores asocian la palabra “destino” con la figura de MacArthur. Desde que era un niño, su madre, quien solía decirle que de mayor se convertiría en un gran hombre como su padre, el también general Arthur MacArthur, o como el propio general Lee, le había inculcado un sentido del destino que el pequeño pareció asumir. Y es que, aunque en muchas ocasiones Douglas MacArthur hizo alusión al papel que el destino desempeñaba en su vida, también es cierto que puso todo su empeño en prepararse para cumplirlo.

No es de extrañar que el primer recuerdo de Douglas MacArthur fuera un toque de diana, pues nació en 1880 en el cuartel de infantería en el que estaba destinado su padre, Arthur MacArthur, militar de profesión que destacó por méritos propios y ejerció gran influencia en su hijo. Douglas MacArthur pasó los primeros años de su infancia en Fuerte Wingate, en el territorio de Nuevo México, pero tras la segunda rendición del jefe indio Gerónimo en 1884, la familia se trasladó a Fuerte Selden, donde  el pequeño Douglas aprendió a montar a caballo y a disparar antes que a leer y a escribir. Cinco años más tarde, los MacArthur se mudaron a Washington, D.C. cuando el padre fue destinado al Departamento de Guerra.

Aunque en la escuela se mostró como un estudiante mediocre, en Washington el pequeño Douglas conoció la forma de vida de la ciudad y recibió la benigna influencia de su abuelo paterno, un juez retirado de la Corte Suprema del Distrito de Columbia que, para más señas, era un activo filántropo y autor de numerosos libros. Cuando Douglas contaba doce años, su hermano mayor entró en la Academia Naval de los EE.UU. en Anápolis. A los trece se trasladó con sus padres al Fuerte Sam Houston de Texas y entró en la Academia Militar de West Texas en San Antonio, donde se reveló como estudiante destacado. Había adquirido ese amor por el estudio que quedó de manifiesto durante el resto de su vida, pero no sólo se dedicó a cultivar su mente, sino que también comenzó a preparar su cuerpo teniendo siempre como meta el ingreso en la Academia Militar de West Point.

Tras graduarse a los 17 años con el promedio más alto de su clase, dedicó un año y medio a preparar el examen de entrada en la prestigiosa academia militar. En el verano de 1898, poco después de entrar en la misma, enviaron a su padre a las Islas Filipinas como brigadier general de voluntarios en la Guerra Hispanoamericana. Más tarde, Arthur MacArthur se convertiría en gobernador militar de Manila y en gobernador militar del archipiélago tras la compra de Filipinas a España por parte de Estados Unidos en 1899. Mientras tanto, Douglas MacArthur y su madre se mudaron a West Point.

Los resultados del joven MacArthur en la academia militar fueron sobresalientes en todos los aspectos. Fue el primero de su clase en tres de los cuatro años y finalizó sus estudios con la nota media más alta que se había dado en la academia en 25 años. En su paso por West Point también se hizo patente su capacidad de liderazgo. Tras graduarse en junio de 1903, en su primer destino fue enviado como segundo lugarteniente del cuerpo de ingenieros a las Islas Filipinas, donde supervisó pequeños proyectos de construcción en diversos lugares. Desgraciadamente, en 1904 contrajo la malaria y tuvo que regresar a EE.UU.

Al año siguiente le reasignaron como ayudante de campo de su padre, que estaba destinado en Japón como adjunto militar. Poco después, la familia se embarcaba en un circuito militar por el Lejano Oriente que duró casi un año e hizo escala en Japón, China, Malasia, las Indias Holandesas (actual Indonesia), Birmania (actual Myanmar), India, Ceilán (actual Sri Lanka), Siam (actual Tailandia) y Vietnam. MacArthur consideró este viaje “el factor de preparación más importante de su vida”.

Tras este viaje, comenzó el declive de la carrera militar del padre, que se retiró en 1909, y despegó la carrera del hijo, que en 1911, como recompensa a sus esfuerzos, fue ascendido a capitán y puesto al frente del Departamento de Ingeniería. Tras la repentina muerte del padre en 1912, MacArthur se mudó con su madre a Washington, D.C. para servir bajo el mando del Jefe de Estado Mayor del Ejército, Leonard Wood, quien quedó impresionado con la ética laboral de MacArthur y con el análisis que realizó en su primera asignación sobre las disputas territoriales en la Zona del Canal.

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